Son muchos los políticos, filósofos, sociólogos, periodistas y hasta psicólogos que hablan de la importancia que se debe dar a los pueblos para que se sientan libertad. Un pueblo sin libertad está coartado a los dictámenes de una organización, que puede ser un partido político, una empresa petrolera o una organización política. Por otro lado, los pueblos tambien pueden ser castigados por los dictámenes de una persona. A este tipo de personas se les suele llamar dictadores. El Premio Nobel de Literatura Gabriel de Colombia, García Márquez, escribió sobre una persona de este tipo. Lejos de hacer una crítica demoledora, lo presentó en su forma humana, su parte más sensible. Les comento acerca de este libro, porque creo que resume muy bien la psicología del tipo de personas que creen merecerlo todo, incluso la libertad de los demás.

El personaje principal de la novela El otoño del patriarca es, por supuesto, el dictador. Zacarías es descrito como un hombre enorme, que era mucho más alto y gordo que todos a su alrededor. Además, es un presidente que no es capaz de recordad su propio año de nacimiento. Con lo cual el autor hace un guiño hacia los presidentes vitalicios que suelen terminar siendo unos dictadores. Por otro lado, el dictador reconoce en la novela que no tiene ningún tipo de instrucción. O sea, que jamás ha pisado el suelo de una escuela. Esto dice mucho de un estadista, quien se supone que sea un iluminado que sepa de muchos temas. Ya lo dijo un hombre muy sabio: “Solo si se sabe se puede divisar el bien”.

Pero Zacarías solo sabía adueñarse de las cosas, no conquistarlas con inteligencia.
Además, el presidente vitalicio no era visto por su pueblo desde hacía muchos años atrás. Se había convertido, poco a poco, en una leyenda de la que todos hablaban pero pocos conocían realmente. Así es como se construyen los mitos. De más está decir que el presidente todopoderoso no entendía un no por respuesta y era capaz de cualquier crueldad con tal de hacer su voluntad.
La única persona que realmente amó el dictador fue a su madre. No obstante, dejó que esta muriera en la más absoluta pobreza. Cuando falleció su hijo realizó grandes funerales en su honor. Ella cerró los ojos sin saber que su despótico hijo había puesto a su nombre todas las propiedades que había robado a lo largo de su mandado. Ella murió sintiéndose muy pobre, y sin los cuidados de su hijo.